LUNES A MI BOLA. De licoretas y tontilocos

LUNES A MI BOLA

PEPE IMBERNÓN. 12 ago. 2019

Hablando y hablando sin parar, en el rincón del bar y bebiendo belmontes. En el otro extremo, algo totalmente diferente, radical. Recto, tieso como una tabla y con un blíster de pastelitos Gitanitos de ocho  unidades. Sobre la barra del garito los va comiendo metódicamente, de uno en uno, con un zumo de piña en vaso de sidra, ofreciendo una imagen de orgasmos continuos y pequeños en cada bocado. Todas las mañanas repite la misma operación. Con disciplina militar los mastica, en orden y cierta marcialidad, con el movimiento de sus mandíbulas y sus dientes.

Y a mí, que me gusta copiarlo todo, pues ahí me tienes… me he comprado una caja de pastelitos Bony, (son los que a mí me molan) y también 2 litros de zumo de piña y seis vasos de sidra (de esos de cristal finolis).

Es un bar… de estos ‘extraños’, pequeños, diminutos, en donde solo hay fotos de «tiene el culo blanco porque su mujer lo lava con Ariel» y también estampas taurinas. Un lugar en el que yo no pediría una tapa ni una tostada aunque me invitara el camarero. Quién sabe lo que se esconderá por esos entresijos de la barra, el suelo de los años 70, enlosado malamente. Y ya no digo entre las juntas de la cámara de madera (utiliza un motor antiguo para refrigerar), me imagino un ejército de ‘curianas’ cantando cualquier himno de los de aquella época en formación y ‘jalando’ pastelitos Bucanero.

Un bar que abre a las cinco de la mañana y en el que barrenderos, trabajadores de supermercados, policías, gente que viene de borrachera y muchos más nos juntamos para tomar los primeros cafés. En un hermanamiento involuntario y casposo, lleno de miradas que en cualquier taberna del lejano Oeste hubieran supuesto un tiroteo o un duelo al sol.

Fotograma de ‘El hombre tranquilo’ (1952)

Tiene  el olor característico a orina de gato mezclado con lejía continuamente y por supuesto la barra es muy pegajosa. Aún así… nos encanta tomar el primer belmonte a las cinco y media de la mañana y alguna magdalena con pelo. Es curioso, cada uno vamos a lo nuestro y en paz, como tiene que ser, a pesar de los pesares. Todo muy al estilo de la taberna del ‘Hombre tranquilo’ de John Ford, pero sin pintas de cerveza y sin cánticos irlandeses. Aquí solo estamos los ‘pirracas’. 

En la madrugada buscamos un café con leche, un carajillo en sus diferentes versiones, un belmonte, una copa de «es cosa de hombres» o un revuelto. A esta hora no hay ningún lugar abierto en esta ‘urbe’, solo este, salido de una canción de Sabina y dos coplas más, de dudosa reputación. Un VIP como en los Madriles o Valencia es pura ciencia ficción.

Ni el mismísimo Aldous Huxley lo hubiera podido predecir en sus novelas, estaría bloqueado con la leche condensada del ‘belmontaco’ con una neurona en Carrusel y solo hubiese escrito trovos… ‘Aldous trovexley’. Habría triunfado en toda la comarca… de aquí al Rincón de Beniscornia.

No existe un lugar céntrico donde tomar algo sólido en condiciones, una comida decente. Abierto toda la noche, o desde bien temprano, acompañando a  personas perfumadas que salen a trabajar, como en  un ‘despertar’ de Orwell, en cualquier provincia, en la que las cámaras nos controlan en los picoesquinas. Anhelo la presencia de un restaurante, uno al menos, para las almas en pena de la noche para los madrugadores.

Sí, está claro… doble con queso. Ya sé que existen esos lugares infames, donde se comen filetes de carne picada metidos en bollos y luego tardan 4 días en bajar por la ‘molleja’ hasta la zona del ‘guajerro’ para sucumbir finalmente en modo ‘gotelé’ y bajar a la zona del ano, liberándonos del «alien» que nos comimos una semana antes. Pero me niego, renuncio a envenenarme con esa maldita basura.

Por lo demás… aquí seguimos con la estantería llena de recuerdos. La Kodak Instamatic que me regalaron en la comunión, un tesoro. Mi Matzinger Z de 50 pesetas del año 76  y una pila bien gorda de libros de Bukowski, ese tipo que sólo pensaba en beber güisqui y copular. También mi colección de relojes, el Festina de cuerda, uno de los grandes regalos de aquel momento emocionante en mi vida vestido de marinerito… el día de la Asunción de 1975.

Recuerdos de aquellos años 70

Los juguetes que anunciba la televisión, y sobre todo los que se vendían en los kioscos… por ejemplo las ‘pulgas locas’, que no eran otra cosa que dos cápsulas vacías con dos bolitas dentro y entonces se ponían en la palma de la mano y daban vueltas. Pura física (se le debió ocurrir a algún tipo que le robó las pastillas a su abuela). Fueron una auténtica sensación del colegio estás pulguitas.

Visualizo perfectamente un juguetico, concretamente era un tocadiscos pequeñito de plexiglas y un disco pequeñito que llevaba grabadas las voces de grandes héroes de la historia y decía cosas como: ‘Aníbal y sus elefantes atravesaron los Alpes venciendo a sus oponentes’. Eso sí, sonaba con voz de pitufo y tenías que girar con el dedo todo el disco para que sonara. Lo regalaban con los famosos pastelitos Bony… Volvemos a hablar de los pastelitos, piedra angular de mi infancia. Y creo que de mi existencia.

Nacha Pop. Foto: ALEJANDRO CABRERA

«Y así día tras día van pasando las horas los minutos
y tengo el corazón doblado préstame el tuyo
tengo una chaqueta destrozada y agujeros en el pantalón
pero salto y me río juego a todo,
si quieres reírte te puedes reír aunque sea de mí»
(Nacha Pop).

No hay nada como terminar con la estrofa de una canción de mi grupo favorito. Hay que ver el trabajo que te quita.

Salud para todos, sobre todo para los ‘enteraos’, los más listos, los que siempre quieren criticar y quieren llevar la razón, los que hacen comentarios sobre personas que trabajan con seriedad y se dejan la piel, los malditos ‘marujos’, los ‘tontilocos’ (que son los peores) y están por todas partes. Que Dios, si es que existe, nos libre de ellos.
De todas formas no espero que me libre el Altísimo de estas criaturas, por lo tanto, lo haré yo mismo… intentaré que parezca un accidente.

Y ya está.

Imagen principal: Fotograma de ‘El hombre tranquilo’ (1952)

PEPE IMBERNÓN. Radiofonista

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