Café con Hugo. Adolescentes, entre la infancia y la adultez
Por HUGO BENEDETTI
Miércoles, 26 ago. 2026
Hay una pregunta que muchos padres, abuelos y docentes se hacen todos los días: ¿cómo entender a los adolescentes?
Vivimos tiempos muy distintos a los que conocimos. Crecieron entre pantallas, redes sociales y una velocidad que muchas veces también desconcierta a los adultos.
Con frecuencia decimos que desafían las reglas, que cuestionan todo o que no aceptan límites. Y puede ser cierto. Pero quizá detrás de esas actitudes haya otra realidad: la necesidad de ser escuchados, comprendidos y acompañados.
Los adolescentes no suelen aprender de los discursos. Aprenden, sobre todo, del ejemplo. Observan cómo vivimos, cómo tratamos a los demás, cómo enfrentamos las dificultades. Y, muchas veces, las acciones les enseñan mucho más que las palabras.
Por eso, quizá el verdadero desafío no sea cambiar a los adolescentes, sino preguntarnos qué mundo les estamos mostrando los adultos.
Frente a un adolescente, antes que expertos, necesitamos ser personas capaces de escuchar. «Los adolescentes no necesitan adultos perfectos. Necesitan adultos presentes”.
Estar presentes no significa controlar cada paso, sino ofrecer tiempo, escucha, coherencia y afecto.
Solemos decir que los adolescentes viven una etapa difícil. En realidad, “la adolescencia no es un problema. Es un puente”. Un puente entre la infancia y la adultez. Y todos los puentes son inestables. Se cruzan con dudas, con miedo y también con entusiasmo. Lo importante es que, mientras lo atraviesan, sepan que hay alguien esperándolos al otro lado.
Pienso muchas veces en mis nietos, que están entrando en esa etapa de la vida. Me gusta observar sus preguntas, sus inquietudes, su manera de mirar la realidad. Veo en ellos una generación distinta, sí, pero también llena de sensibilidad, creatividad y deseos de encontrar su lugar.
Cada generación fue diferente de la anterior. Y cada una despertó dudas en los adultos de su tiempo. Tal vez la mejor respuesta no sea juzgar a los adolescentes, sino caminar a su lado. Escucharlos más. Comprenderlos mejor. Ayudarlos a descubrir que la libertad también necesita responsabilidad, y que crecer siempre será más fácil cuando alguien confía en nosotros.
Porque, al fin y al cabo, en cada adolescente no solo vemos el presente.
Estamos viendo, silenciosamente, el rostro del futuro.

Hugo Benedetti es periodista argentino residente en Alcantarilla