Café con Hugo. No hace falta barajar y dar de nuevo…
Por HUGO BENEDETTI
Miércoles, 9 sep. 2026
La educación, la madurez y la responsabilidad de cada uno de nosotros constituyen, quizás, uno de los mayores desafíos de este tiempo.
«Yo soy yo y mi circunstancia», decía José Ortega y Gasset. Una frase breve, pero inmensa. Porque nos recuerda que ninguno de nosotros vive aislado. Somos parte de una familia, de una comunidad, de una época. Compartimos calles, alegrías, incertidumbres, esperanzas y también dolores.
Nos ha tocado vivir un tiempo de cambios profundos. Cambian las tecnologías, las formas de comunicarnos, el trabajo, las costumbres y hasta la manera de relacionarnos. A veces esos cambios generan entusiasmo; otras veces producen desconcierto. Es natural. Cada generación ha sentido, en algún momento, que el mundo avanzaba más rápido que sus propias certezas.
Pero quizá la pregunta más importante no sea hacia dónde va el mundo. Tal vez la pregunta sea: ¿cómo queremos caminar nosotros dentro de ese mundo?
Porque los cambios, por sí solos, no son buenos ni malos. Son parte de la vida. Lo verdaderamente importante es la calidad humana con la que los atravesamos. Podemos elegir responder con miedo o con esperanza. Con indiferencia o con cercanía. Con prejuicios o con comprensión.
No hace falta pensar todos igual. Tampoco llegar a las mismas conclusiones. La riqueza de una sociedad también nace de la diversidad de miradas, siempre que estén sostenidas por el respeto. La libertad de pensar es una conquista demasiado valiosa como para convertirla en un motivo de enfrentamiento.
Quizá haya llegado el momento de recuperar algo que nunca debería pasar de moda: la capacidad de escuchar antes de responder, de comprender antes de juzgar y de tender una mano antes de señalar un error.
Cuando una sociedad protege a sus niños, respeta a sus mayores y acompaña a quienes atraviesan momentos difíciles, está construyendo mucho más que bienestar. Está construyendo humanidad.
No sabemos con certeza cómo será el futuro. Nadie lo sabe. Pero sí podemos decidir cómo queremos vivir el presente. Cada gesto de respeto, cada palabra serena, cada acto de solidaridad y cada oportunidad que ofrecemos a otro para crecer son pequeñas semillas que, tarde o temprano, terminan dando fruto.
Quizá no haga falta barajar y dar de nuevo.
Tal vez alcance con volver a poner en el centro aquello que nunca debió perder su lugar: la dignidad de cada persona, la compasión, la educación del corazón y la convicción de que un mundo mejor no comienza con grandes discursos, sino con pequeñas decisiones cotidianas.
Porque, al final, las transformaciones más profundas no siempre empiezan en las instituciones ni en los gobiernos.
Muchas veces comienzan, silenciosamente, en la conciencia de una sola persona.

Hugo Benedetti es periodista argentino residente en Alcantarilla